Igual que ese anuncio que dice que el perfume de un hombre se la juega en las distancias cortas, un escritor se la juega en las narraciones cortas.
James Salter es uno de los grandes narradores norteamericanos en activo. Pese a no publicar en muchos años ha sido y seguirá siendo un referente. La crítica ha aplaudido su regreso con "La última noche", 10 narraciones cortas que reflexionan sobre las relaciones sentimentales en todos sus derivados.

Tengo que decir que no todos los cuentos me han gustado, pero hay otros que dejan huella. En todos ellos se demuestra que bajo una aparente familia feliz siempre hay algo turbio escondido a punto de ser descubierto. Ahí radica la maestría de Salter: nos presenta a unos personajes descritos impecablemente, casi siempre personas que querríamos tener como amigos, para luego decirnos que son igual al resto de mortales, con las mismas miserias o aún peores.

Magníficas descripciones, sutiles giros argumentales que hacen tambalear el universo en el que personajes y nosotros como lectores nos encontramos, parquedad en las palabrar (creo que Salter no ha querido que sobrara ni un solo artículo, ni una sola preposición), configuran un libro de estilo frío, de personajes con la sangre demasiado calientey que invita a ser releído (de hecho, espero releerlo después del verano).